viernes, 24 de julio de 2009

Ante la determinación ("Para ser novelista")

Ante la determinación

Trascender, dejar testimonio de una vida, dar voz a un pasado adormecido en el tiempo, crear un mundo o un entorno que se antoja diferente, realizar sucesos o aspirar a interpretar vidas opuestas, o bien, mejores que la nuestra. Ser lo que soñamos ser, dar rienda suelta a deseos frustrados. O en el peor de los casos, buscar llegar a un lugar privilegiado que atraiga la atención de los demás, obtener cierto grado de fama que le permita circular en una esfera social más elevada que la suya…Estas son sólo algunas de las posibles razones por las que una persona puede sentir necesidad de escribir. Pero en realidad ¿cómo saber a ciencia cierta, qué mueve la inquietud literaria? Y peor aún, ¿qué tan real y sólida será ésta? ¿Cómo saber si las aptitudes o simplemente el gusto, son suficientes para poder conseguir el propósito?
Son muchas las interrogantes que surgen de forma paralela al deseo de escribir cuando una persona manifiesta su intención por iniciarse en ése amplio mundo literario. Aunado a todo esto, también nace el miedo al posible rechazo implacable de lectores ávidos y expertos. Y luego, ¿qué hacer con esa nube de dudas que lo cerca y lo vapulea tanto o más que la crítica exigente, o la burla deliberada a la que se ve expuesto cuando manifiesta su preferencia por este oficio?
Sin embargo, basta con que este deseo sea expresado para que de inmediato, surja una voz bien intencionada que brinde el infalible y recurrente consejo: Leer y escribir. Escribir

mucho y leer más; y es entonces cuando surge una nueva duda ¿por dónde empezar? O ¿a quién leer? El tiempo pasa y el cúmulo de libros y de escritores consumados que podrían ser una buena guía para el escritor en ciernes, va en aumento; cada vez son más los autores contemporáneos que, gracias a su creatividad e ingenio, se han sumado a la ya nutrida lista de literatos reconocidos. Sin embargo, al leer obras maestras de Dostoievski, Alan Poe, Rulfo, Borges, Saramago, por mencionar algunos. Surgen nuevas incógnitas: ¿Cómo escribir algo que valga la pena? O peor aún. ¿Podré escribir algo que merezca ser leído?
Definitivamente, lo único cierto es lo incierto que resulta el camino del oficio literario, sin embargo, cuando realmente se está convencido de querer avanzar por esta senda, la búsqueda brinda otras posibilidades, y es entonces cuando por fortuna, nos encontramos con escritores como John Gardner, quien no sólo se dedicó a escribir ficción, sino que también se dio a la tarea de escribir a cerca de esa problemática asfixiante para el recién iniciado escritor.
En su libro “Para ser novelista”, John Gardner deja patente su gran interés por resolver muchas de las dudas que asaltan al escritor en ciernes, dando respuesta a la mayoría de las preguntas. De manera contundente, clara y precisa va dando la formula para que el escritor, por sí mismo, vaya obteniendo las armas necesarias y librar así su batalla personal. Si bien es cierto que en éste libro, Gardner se dirige concretamente a los novelistas, también lo es que lo dicho aquí sirve como guía para cualquiera que decidido formarse como escritor.
Primero que nada, su discurso va enfocado a determinar cual es la naturaleza del escritor.


Hace un recorrido por características que deberá tener o por lo menos, tener en cuenta un inquieto escritor que se inicia esta ardua tarea de la creación literaria: Primero, la sensibilidad verbal que debe tener un escritor, como manejar su discurso controlando las carencias y los excesos en el lenguaje. Encontrar el equilibrio entre las figuras poéticas creadas y las arrancadas de la realidad en el transcurso de su narración. En segundo lugar, su perspicacia, “el buen escritor ve las cosas con agudeza, con realismo, con precisión y con criterio selectivo (es decir, sabe escoger lo importante)”. En tercero su inteligencia, (en parte natural y en parte ejercitada) que se distingue a su vez, por características como de inmadurez o incivilidad: de ingenio de obstinación y tendencia al individualismo, afición a fantasear y a decir mentiras, una capacidad de evocación eidética y una memoria visual notables, entre otras. La cuarta característica es el carácter compulsivo, deberá tener impulsos irresistibles.
El novelista ha de ser obsesivo y a la vez ser indiferente. La obsesión sólo sirve si arrastra al escritor no al suicidio, sino a la realización de espléndidas obras de arte, y si le permite, además, tomarse con indiferencia que la novela venda o no, que sea o no apreciada.
Una vez que el aspirante se ha auto-analizado para saberse o no poseedor de las características de la sensibilidad verbal, propia de un escritor, Gardner prosigue dando respuestas: El no poder acceder a la universidad no es razón para desistir de ser escritor. En definitiva, su arrojo y su tenacidad serán los que lleven al escritor a los niveles que el se proponga, aún sin tener preparación literaria previa o de cualquier otra índole, porque si

bien es cierto que los conocimientos de determinados temas le facilitarán abordar con profundidad y a detalle éste, también lo es que al no poseerlos no se lo impedirá si realmente quiere hacerlo dentro de una narración.
Todo está en querer escribir para poder conseguirlo. Darse a la tarea de determinar los factores que lo impiden o bloquean el oficio de escribir para poder atacarlos desde su origen. Por ejemplo, si el problema estriba en la poca fe en uno mismo, el escritor que empieza no se debe apartar de la gente cercana a él, la que le brinda apoyo sincero, porque por principio de cuentas, será el primer, y tal vez, por algún tiempo, el único lector.
Son muchas las formas en las que en el escritor se presentará el inevitable bloqueo (al no satisfacerle su trabajo por precario o por poco original, al sentirse falto de inspiración), sin embargo, no hay razón valida para caer entre las garras del bloqueo, ya que escribir, es un oficio como cualquier otro. En definitiva, la mejor manera que hay de romper el bloqueo es escribiendo mucho. Si uno se pone a escribir lo primero que se le ocurre, llega un momento en que, de repente, se interesa por algo de lo que dice, y he aquí que, sin darse uno cuenta, las aguas mágicas vuelven a correr.
En “Para ser novelista”, John Gardner dice también, que para ser escritor hay que: saber simultanear muchos procesos mentales que al principio deben abordarse de uno en uno. Si esta frase la leyéramos al vuelo y tratáramos de partir de aquí para empezar escribir, lo primero que vendría a la mente sería ¿cómo? John Gardner, no solo lo sugiere, sino que lo sustenta con una serie de ejemplos tomados de su experiencia personal a la hora de escribir

sus propios trabajos. Con ellos nos brinda, como en un paso a paso soluciones practicas ante la problemática de que hacer con las palabras, con las ideas y como ir traslapando una a una; con ingredientes indispensables, ya que sin ellos, no habría ni buena intención ni talento virtuoso que valiera en este quehacer literario.
Ante la determinación de ser escritor y por todo lo anteriormente expuesto, creo que no basta con adentrarse a las obras maestras de los titanes de la literatura, también es conveniente seguir los pasos de escritores como John Gardner que, sin ser íconos, al compartir sus conocimientos y experiencia, nos brindan la luz que desvanece esa gran madeja de dudas a las que nos enfrentamos constantemente cuando decidimos irrumpir en el fascinante mundo literario.

Martha Alicia Echevarría Zapata

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