viernes, 24 de julio de 2009

Tarea 1. Ensayo sobre “Para ser novelista”

Mientras leía “Para ser novelista” de John Gardner, me vino a la memoria el recuerdo de las primeras veces que sentí la necesidad de escribir. Por razones incomprensibles, en ciertas ocasiones sentía la flagelante necesidad de poner por escrito alguna idea, pensamiento u opinión. Aunque nunca logré detectar la causa que detonaba aquella necesidad, con el tiempo me percaté de algo que resultaba ser un hecho importante: “Si sentía la necesidad de escribir y lograba encontrar el tiempo suficiente para hacerlo, después me invadía un estado de ánimo muy agradable, fue una sensación única, que con el tiempo se convirtió en adicción”. Si bien, por mi oficio de desarrollador de software especializado, en innumerables ocasiones tuve la necesidad de redactar manuales y libros técnicos, estos jamás causaron en mí la satisfacción que producían esas pequeñas anotaciones que hacía de alguna historia inventada o conocida. Cómo si de un enervante se tratara, mi acercamiento a esa droga de plasmar palabras se volvió cada día más frecuente, sobre todo después de haber leído alguna novela o cuento que no me dejaba satisfecho con alguno de sus pasajes o con su final. No tardé en sucumbir a la costumbre de anotar todo cuanto se me ocurría, ya se tratara de una opinión sobre cualquier tópico o una frase que me resultaba interesante; incluso me tomé la libertad de redactar algunos manuales de operación de los programas que desarrollaba con forma de cuentos; para ello me inventaba un personaje y lo exponía a los problemas que, en su desempeño diario, lo obligaban a usar todas y cada una de las funciones del software. El éxito obtenido en la capacitación de los usuarios con este método fue el disparador real para pensar en escribir algo que no tuviera nexo alguno con mi oficio.

Ahora bien, nunca me pregunté cual es la diferencia entre un buen escritor y uno mediocre, mucho menos me interesé por saber si existían técnicas que me facilitaran el acto de escribir, tampoco pasó alguna vez por mi mente la posibilidad de ser editado por alguien (eso es algo que puedo hacer yo mismo). Finalmente, si he de ser sincero, la innegable influencia lógica y metódica de mi formación académica, aunada al estricto método artesanal que conlleva el análisis y la programación de sistemas, son los causantes de que siempre menosprecie esos detalles que para algunos resultan muy importantes o necesarios, pero, que para mí no tienen ningún interés.

La idea de que “en literatura no hay nada escrito”, sin pecar de inmodesto, no es nueva para mí, como tampoco lo es el hecho de que cada escritor refleja en su obra esa visión propia que tiene de la vida, de su época o de cualquier tópico que aborde en sus escritos. También coincido con Gardner, aunque con algunas reservas, sobre lo provechosa que resulta la lectura y relectura de obras literarias; del beneficio que el novel escritor obtiene del contacto con otros escritores cuando, en su afán de aprender, ingresa a talleres y cursos de escritura creativa; también coincido en su afirmación de que el escritor debe ser observador y adentrarse en atmósferas diferentes a las de su contexto original, ya que así podrá transmitirlas con mayor precisión y crear con ello la verosimilitud en sus textos; y estoy en absoluto acuerdo cuando dice que el escritor debe luchar por pulir su trabajo al máximo.

Sin embargo, no coincido con su afirmación de que “el escritor deberá buscar la publicación de sus textos en diversas revistas por pequeñas o grandes que sean”. No comparto su afirmación porque la siento forzada y excesivamente simplista. En mi personal percepción, el trabajo del escritor está destinado a ser leído, esto es, deberá hacerse llegar a sus destinatarios. Ahora bien, es cierto que una revista o libro son un medio para que las personas puedan allegarse nuestros textos, sin embargo, no son el único medio y mucho menos el más importante. No dudo que mi aseveración llegue a causar gran resquemor o molestia en algunas personas del mundillo literario, pero creo y defiendo a ultranza la autoedición, la lectura pública, el panfleto y la transmisión oral, así como el uso de las nuevas tecnologías como pueden ser: el blog, las páginas de internet y el libro electrónico, sobre todo este último, porque además de ser barato, es altamente ecológico.

Ya por último, a mí poco me importa la concepción o idea que el mundo tenga sobre los escritores y su oficio, como tampoco me preocupa la visión que de ese mundo quiera o le convenga crear a uno u otro escritor. Para mí, la función del escritor es sólo la de escribir para comunicar sus ideas y visión particular sobre tal o cual asunto, ya sea en forma de cuento, ensayo, novela o poema; y el que se crea en verdad escritor, tiene algunas obligaciones que cumplir, a saber: ser honesto en sus textos, presentarlos lo mejor que le sea posible y, la más importante, escribir siempre el siguiente texto con mayor calidad que el anterior.

Dib E. Gali L.

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